Centenares son las imágenes que podemos ver del genial director con un parche tapándole un ojo, cosa que nos hacía pensar a todos que era tuerto, pero el parche se lo puso ocasionalmente en 1934 para poder recuperarse de la operación de cataratas.
A partir de entonces, acostumbró a llevarlo en público como excentricidad, aunque solía cambiárselo de ojo.
Entre los años 1933 y 1954, Joseph I. Breen fue el oficial encargado del cumplimiento del código de producción o, dicho de otra manera, el censor de la época. Su labor consistía, entre otras, en velar por la moral de los espectadores y no dejar que ningún beso durase más de tres segundos en las películas que se rodaban.
Pero hecha la ley, ya se sabe… ésta está para saltársela con el mayor ingenio posible. Y uno de los cineastas más ingeniosos que hubo en la época fue Alfred Hitchcock, que en más de una ocasión consiguió burlar la férrea censura y logró colar más de un film con largas escenas de apasionados besos y escenas de intensa sensualidad.
Como ejemplo la película “Encadenados” (Notorious, 1946) donde en una escena en la que Cary Grand e Ingrid Bergman debían besarse logró alargarla hasta poco más de un minuto.
¿El truco? Pues muy sencillo…
Los protagonistas se besaban apasionadamente durante tres segundos, paraban, se miraban, susurraban, se daban un pequeño beso, volvían a mirarse, se volvían a besar durante tres segundos más. Así durante un minuto, en una escena llena de intensos y apasionados besos.
Y como muestra os dejo el vídeo con el fragmento de la escena.
La película Rojos (Reds, 1981) narra la historia del único americano enterrado en el Kremlin, el periodista estadounidense John Reed.
El director del film, Warren Beatty, quiso dar la mayor autenticidad posible para la escena en la que John Reed da un discurso ante un grupo de trabajadores de una fabrica. Se puso una y otra vez a declamar dicho discurso frente a los extras, contratados para la película, sobre la teoría de la explotación capitalista en el trabajo.
Los extras escucharon con atención y quedaron tan convencidos por el mensaje dado por el director que decidieron ir a la huelga como reclamo de una mejora salarial.
Beatty tras reunirse con ellos accedió a las pretensiones de los figurantes y éstos tuvieron una subida salarial.
En 1940, los censores de la Unión Soviética permitieron que el film “Las uvas de la ira” (The Grapes of Wrath, John Ford) protagonizado por Henry Fonda, Jane Darwell y John Carradine, se estrenase en Rusia.
Esto era debido a que en la película se mostraba la decadencia de Norte América y su “Gran Depresión”.
Pero al poco de tomar esta decisión se echó atrás y se prohibió su exhibición ya que el público moscovita quedaba impresionado por el hecho de que, en América, incluso una familia arruinada y asolada por la pobreza podía darse el lujo de tener un automóvil propio.